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la jornada de trabajo

 
Post #1


la jornada de trabajoMaldito calor que hacía, no se podía aguantar, ya sabeís en Córdoba, y en agosto, ya se sabe. El caso es que ese año en la empresa no tomamos vacaciones todos a la vez, sino que nos la fuimos repartiendo por turnos, con la maldita mala suerte de que a mí, a Carlota y a Sonia, nos tocó pringar los últimos 15 días de agosto, y para colmo, ese mismo año me habían nombrado jefe de almacén, por lo cual no podía escaquearme. El caso es que los días iban pasando, deseando que acabaran cuanto antes, cuando el jefe me llamó a la oficina:- Javier, me tengo que desplazar a una feria en Barcelona, así que estos dos últimos días te quedarás sólo con las chicas. ya he comunicado a los clientes que no habrá pedidos, pero teneís que dejar hecho el inventario y las chicas, la facturación y la contabilidad, ¿Entendido?.- No te preocupes, pablo, se dejará todo hecho para tu vuelta - le respondí.Cómo teníamos jornada intensiva (de 8 a 15), haciamos un descanso para comer a las 13h, y volvíamos al curro. Estos quince días habían estrechado la amistad entre las chicas y yo, ya que pasábamos mucho tiempo juntos, y el jefe apenas aparecía, si acaso una vez a la semana, por lo que habíamos adquirido una especie de rutina: llegabamos casi al vez, preparaba los pocos pedidos que había y regresaba para comer con ellas, y a continuación, dejarlo todo preparado para el día siguiente. Lo que peor llevabamos era que eramos prácticamente los únicos en el restaurante y en nuestra calle, ya que todos los demás estaban cerrados, quizás por eso pasó lo que pasó.El último día de trabajo, que encima era viernes, y hasta el lunes no volvían todos, llegué como cualquier otro día, pero al llegar a la nave, una visión me dejó anonadado; sí , mis dos compañeras estaban allí, pero no parecían las mismas sin el uniforme. Sonia, la contable, llevaba una camiseta de tirantes de estas holgueras, que si te asomas por los lados, puedes ver todo, unos shorts blancos que le ceñían el culo de una manera bestial, y unas zapatillas también blancas. Carlota, la de facturación, iba con unos vaqueros recortados que le hacían enseñar casi los cachetes de un trasero firme, una camiseta roja normal, y unas sandalias negras.- Pero, chicas, ¿qué haceís así?- respondí al saludarme ellas- estaís tremendas.-Pues mira,- respondió Sonia, con esa voz tan dulce que tenía,- que hemos pensado que por ser el último día, pasamos de uniforme, y más sabiendo que el jefe ya no está, ¿No te m*****a, no?- Para que me va a m*****ar, por mí encantado, dijé, mientras abría la puerta y las dejaba pasar, lo que me dió tiempo a ver que Sonia no llevaba sujetador, ya que a través del filo de su camiseta, no se apreciaba ningún sostén.Cada uno empezó con su trabajo, cuando no había pasado ni una hora y Sonia se acercó a donde yo estaba contando la parte de las bebidas (Nos dedicamos a la venta de productos para bares, restaurantes y similares) y me comentó: No tengo mucho trabajo, si quieres te echo una mano, a lo que le dijé que yo encantado. Empezamos a recorrer el almacén, y en una de las paradas, mientras ella contab un palet de ron, no podía apartar la vista de ese magnifíco culo que tenía, lo que hacía que mi pene se pusiera cada vez más duro, al subirse a la carretilla una de las veces, tropezó, y dió la casualidad de que su culo fuera a parar encima de mi paquete.- Uy, perdona, que tonta soy- dijó ella, con una voz muy sexy y una mirada en la que dejaba entrever que estaba contenta de donde había caido. Yo , sorprendido, no dijé nada y la llevé de nuevo a la oficina. El calor ya era asfixiante, así que cómo no había nadie, me quité la camiseta y me quedé sólo con el pantalón de trabajo; cuando acabé con el inventario, ya era casi la hora de irnos a comer, así que entré en la oficina para entregarseló a Carlota, para que lo metiese en la base de datos.Cuando entré, y esa imagen no se me va a olvidar nunca, las chicas dejaron lo que estaban haciendoy sólo tenían ojos para mí (A ver, no tengo un cuerpo de gimnasio, pero tampoco estoy gordo, me cuido y procuro tener mi cuerpo cuidado, pero sin obsesionarme con ello). las chicas se quedaron paradas y tuve que preguntarles: Ey, chicas, ¿pasa algo o qué?-No, nada, javier, pero, joder, para la edad que tienes, vaya cuerpo que tienes- respondió Carlota, entre admiración y asombro- cualuiera diría que tienes 40 tacos.-Gracias, respondí, un pelín orgulloso- aquí os dejó esto, terminó de guardar unas cosas en la camara frigorífica y nos vamos a comer, ¿vale?; de acuerdo, respondieron ellas, pero no tardes.No llevaba ni diez minutos en la cámara, cuando Carlota apareció y me dijó: necesito llevarme un poco de marisco para casa, ¿dónde está?. le señalé el sitio, que estaba en la estantería más baja, y al agacharse, observé que el trozo de vaquero que unía lo de delante con lo de detrás, me permitía ver que no llevaba nada debajo, ya que casi se le marcaban los labios del coño, lo que hizó que mi pene se pusiera otra vez como una piedra. Al coger la cajita con el marisco, Carlota tropezó y al intentar agarrarse a mí, noté como su mano izquierda recorría todo mi paquete.- Vaya, vaya, veo que tienes un amigo que no nos has presentado- susurró ella con una voz cálida y sensual- y creo que se ha puesto muy contento.Acto seguido, se incorporó, y sin apenas tiempo, se agachó y empezó a restregarse con su culo contra el bulto de mi pantalón, lo que me lo ponía más duro todavía. No podía más, así que la levanté, le dí la vuelta, y mientras mis manos aferraban ese culo tan duro, le metí toda mi lengua en su garganta. Creí que se iba a echar para atrás, al revés, se agachó y empezó a desabrocharme el pantalón, pero en ese momento, Sonia gritó: -Vamos a comer, chicos-, lo que nos hizó dejarlo todo y arreglandonós un poco, nos fuimos para el restaurante.Empezamos con unas cervecits y un vino para la comida, y cuando terminamos y ya estaba a punto de pagar la cuenta, primero Carlota y luego Sonia, sugirieron:- Qué prisa tienes, Javi, si no nos espera nadie, ya que estamos, ¿porqué no nos tomamos unos cacharritos?pensé que no era tan mala idea, total era el último día y sólo estabamos los tres. Así que después de tres cubatas cada uno, volvimos a la nave para terminar la última hora que nos quedaba. Pasados diez minutos, estaba colocando unas cajas cuando se acercó Sonia, y sin mediar palabra, me agarró el paquete con su mano derecha mientras su lengua se metía en mi boca y no paraba de magrearme, al rato, se separó y acercando su boca a mi oreja, susurró: ya me estás enseñando ese polla, so cabrón. Se separó de mí, y sin que le dijera nada, se quitó la camiseta, lo que pusó a la vista unos pechos pequeños pero firmes, y sus shorts, que dejaron a la luz un coño totalmente afeitado.Mi polla ya estaba a punto de reventar, así que cómo pude me quité los zapatos, el pantalón y los slips, dejando a la vista una polla totalmente erecta. Cuando Sonia vió aquello, se calló y acto seguido gritó: Carlota, ven a ver esto, no te lo vas a creer.Carlota salió de la oficina, y al llegar adonde estabamos Sonia y yo completasmente desnudos, su expresión de asombro lo dijó todo y de su boca sólo salió una expresión: -Madre mía, pero que pedazo de cipote, joder.Acto seguido, mientras Sonia se lanzaba a devorar mi polla cómo si se fuera a acabar el mundo, cogí a Carlota de la mano, la llevé hacía mí y mientras nuestras lenguas se juntaban, empezé a hurgar dentro de ese vaquero recortado, encontrandome con un coño totalmente afeitado y muy mojado, lo que hizó que mis dedos empezarán a frotar su clitorís, mientras ella se quitaba la camiseta, con lo cual pude ver un sujetador blanco, que no tardé en desabrochar para dejar a la vista unos pechos medianos que estaban pidiendo a gritos que los lamiera.Mientras, la boca y la lengua de Sonia no paraban de llenarme de saliva mi polla, que estaba dura cómo una piedra, así que dejando a un lado a Carlota, la retiré de mi pene y le dijé:Conque te gusta comer carne, - le dijé-, pues verás el lote que te vas a dar, y sin darle tiempo a reaccionar, le hundí toda mi polla en su boca, haciendo que tragará cada vez más hasta que su lengua casi rozaba mis cojones. Carlota se estaba ocupando de su coño, en unas lamidas que hacían que cada vez más y más su boca se aferraba a mi polla como una poseida. Yo ya no podía más, así que sacando la boca de Sonia de mi polla, les dijé: - Vamos a la oficina, que vaís a ver.Pasamos al despacho del jefe, y sentandomé en el sillón, miré a Carlota, y le dijé-ven aquí, golfa-ella se acercó, se subió encima de mí y sin que se lo esperara, todo mi rabo se introdujó en su húmedo y tierno coño de un solo golpe, para a continuación entrar y salir a un ritmo endiablado, que ocasionó que ella no parara de gemir y gritar, mientras Sonia no paraba de lamerme los cojones mientras no paraba de tocarse el coño. Después de un rato follando a Carlota, la solté y sin decir una palabra, cogí a Sonia, la senté en el sillón, le levanté las piernas y al igual que antes, le hundí toda mi verga de un golpe. Mi polla entraba y salía de ese coño húmedo a una velocidad que nuca había tenido, y para colmo, Carlota se pusó encima y le obligaba a chuparle el coño mientras yo seguía follandola. Al cabo de un rato, Sonia se estremeció y tuvo su primer orgasmo, y otro después, lo que la dejó casi muerta, momento que aproveché para coger a Carlota, pònerla encima de la mesa, y sin que pudiera decir nada, volverle a endiñar mi cipote en su coño, que entraba y salía, jmientras ella se frotaba el clitorís, hasta que al poco tiempo, una sacudida invadió su cuerpo dejandola rota de placer. Tenía a las dos chicas medio muertas, pero se recuperaron y esas vocecitas querían más, así que se me ocurrió una idea.-Esperaros un momento, ahora vengo- les dijé, y fuí al almacén a por una botella de aceite, lo cual no me llevó más de dos minutos, pero cuál fue mi sorpresa cuando al llegar al despacho, me encontré a las dos en un magreo frenético, comiendosé los morros y magreandose mutuamente.-¿Para que es eso?- preguntó Sonia, un pelín extrañada; -No preocuparos, que os va a gustar, les dijé yo.les dijé que se pusieran a cuatro patas sobre el sofá, y a continuación, derramé un poco de ese aceite en los ojetes de sus culos, pasando a empaprlos bien, mientras yo me empapaba los deos de aceite, y sin decirles nada, empecé primero con un dedo, luego con dos, y con tres, a meterlos en esos agujeros del culo tan ricos; su reacción fue sorpredente, en lugar de protestar, les encantaba y no paraban de gemir y chillar, y hubó un momento en que casi tenía mi mano metida en sus culos, pero ellas no protestaban, al revés, sus gritos de gozo eran increíbles, hasta que en un momento en que mis dedos entraban y salían de sus ojetes, se corrieron otra vez, y tras un rato, Sonia se acercó a mi cara y me dijó: meteme esa polla por el culo, pero ya, joder, que estoy deseando ver que se siente. Me sente en el sofá, pusé toda mi polla en poición, y seguidamente, Sonia se subió encima, y mi rabo empezó a entrar en ese maravilloso culo. Los primeros eran gritos de dolor, pero luego ella empezó a subir y bajar sobre mi polla de una manera increíble, hasta que llegó un momento que mientras Carlota no paraba de lamerme los cojones, todo mi rabo estaba dentro del culo de Sonia.Cabrones, yo también quiero probar-dijo Carlota- y sin que Sonia protestara, la saqué de su culo, y cogiendo a Carlota, hice lo mismo; ella tenía el ojete más estrecho, pero no se desesperó, y al cabo de un rato, mi pene entraba y salía de su culo perfectamente. Al cabo de un tiempo, una de las vces que mi polla salía del culo de Carlota, Sonia la cogió entre sus mnos y empezó a chuparme el pene recién salido del culo de Carlota, lo que me puso a cien.- Os vaís a enterar, so putas- dijé, ya casi fuera de mis cabales, así que las pusé en el sofá espalda con espalda, y alternativamente, les iba follando los coños y los culos de cada una, hasta que noté que mi polla no podía más.- Joder, coño, que me corro- dijé casi sin voz, y las chicas se arrodillaron y casi inmediatamente, varios chorros de semen fueron a parar directos a sus caras, empapandolás por completo, y cuando ya no podía echarmás, las dos se turnaron para relarmer mi pene hasta dejarlo limpio.Mientras yo descansaba del esfuerzo, ellas se limpiaron e mi corrida; pasado un rato nos vestimos, apagamos todo y salimos de la nave. Antes de montarnos en los coches de cada uno, nos despedimos y en un momento dado, las dos me besaron, una en cada mejilla y có si tuvieran una conexión, dijeron a la vez:- No vayas a creerte que esta va a ser la única vez, Javier.
09-11-2021, at 07:01 PM
Alýntý
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