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Los compañeros de mi padre...

 
Post #1


Los compañeros de mi padre...Tenía unos 11 años cuando empecé a tener algún interés por el sexo. Era hijo único y vivía con mis padres, los dos trabajaban, él en una fábrica y ella en una oficina. Mi escuela estaba cerca del trabajo de mi padre y algunos días él pasaba a recogerme a la salida. En casa, no recuerdo haber visto desnudo a mi padre, algunas ocasiones había salido de su habitación en calzoncillos y en el baño siempre cerraba la puerta. Yo también era bastante pudoroso y no me gustaba que me vieran desnudo. En la escuela, en clase de gimnasia nos desnudábamos para tomar una ducha, pero casi siempre poníamos la toalla en la cintura antes de bajarnos el calzoncillo. En la ducha podía ver a los demás niños desnudos, pero casi siempre nos dábamos la espalda. En ese periodo pasó algo muy simple, pero que marcó bastante mi futuro. Esperaba a mi padre, había ya pasado media hora y no llegaba, yo empecé a inquietarme, estaba en la puerta de la escuela y el conserje me vio inquieto, me preguntó qué pasaba y se ofreció a acompañarme hasta le fábrica para ver si mi padre se había olvidado. Llegamos ahí y preguntamos en una oficina de recepción, enseguida me tranquilizaron, dijeron que habían tenido un problema y que aquel día todos los obreros saldrían un poco tarde. El conserje de la escuela conocía a la mujer que nos atendió y ella dijo que si quería podía esperar en el vestuario, así mi padre me vería nada más acabar el trabajo y se ahorraría el nerviosismo de llegar tarde. Entré en el vestuario con mi acompañante, pero él se fue enseguida con la seguridad de que quedaba en buen recaudo. La habitación era bastante grande, llena de taquillas, unas banquetas de madera y un par de puertas al fondo que permanecían abiertas, en una podía ver unos urinarios y en la otra unas duchas. La mujer me había dicho cuál era la taquilla de mi padre, de modo que lo podía esperar ahí sentado. Calculo que podía haber unas 300 taquillas, debían cambiarse allí todos los empleados. Cuando ingresé, había un par de hombres hablando, con el pantalón puesto, sin camisa, me miraron, pero no dijeron nada, acabaron de vestirse y se fueron. Me quedé solo, aunque en un par de minutos entraron tres hombres, de muy diferentes edades, calculé que el joven tendría unos 20, otro pasaría de los 40, más o menos la edad de mi padre, y el tercero andaría por los 60. El mayor me preguntó a quién esperaba, al decirle el nombre de mi padre, el de unos 40 me sonrió y me preguntó si era su hijo, parece que eran bastante amigos e incluso había estado en mi casa, pero yo no lo recordaba. Entonces empezó todo, hablando y con algunas bromas entre ellos, se fueron desnudando hasta quedar completamente desnudos. El viejo, tenía una verga pequeña, rodeada de pelos blancos, los otros dos la tenían bastante grande, al menos larga porque no dejaba de bailar entre sus piernas. Cuando el primero se bajó el calzoncillo, me sonrojé y no sabía dónde mirar, pero ellos seguían a lo suyo. Estando sentado, llegué a tener sus vergas a escasos centímetros de mi cara, podía ver todo, la raja por donde sale el pis, algunas pequeñas venas,?. Mi erección fue inmediata, la disimulé con la cartera que llevaba del colegio encima de mis muslos. Y se fueron juntos a la ducha, mientras yo seguía sentado y sofocado. Llegaron otros trabajadores, pero se quedaron un poco más alejados y yo los miraba por el rabillo del ojo mientras se desnudaban. Alguno me miraba con curiosidad, pero nadie decía nada. Meses más tarde supe que no era raro que algunos niños esperaran ahí a sus padres. Mi padre no salía, pero yo estaba bastante entretenido. El joven fue el primero en acabar la ducha y se acerco de nuevo a mí. Mientras con la toalla se iba secando, me preguntaba el nombre, edad,? con una mano se agarraba la verga y con la otra la toalla para secarla, creo que había crecido un poco; se agachaba al secarse las piernas y quedaba delante de mis ojos el ojete de su culo,?. Regresaron los otros dos y lo mismo, con el agua caliente, parece que les creció el palo, sobre todo el mayor no lo tenía tan encogido. Se fueron secando, vistiendo, con calma y sin esconder en ningún momento nada de su cuerpo. Estaban ya por salir, cuando entró mi padre, que se llevó una sorpresa al verme. Le conté que me había acompañado el conserje y se disculpó por el retraso, pero dijo que habían tenido unos problemas con unas máquinas y no había podido salir. También me dijo "ahora que ya sabes el camino, cualquier día que salgas antes, puedes acercarte hasta aquí y me esperas". Vaya si lo hice??Papá no se duchó, dijo que iba con mucho retraso, mamá nos estaría esperando y era mejor ir enseguida. Salimos todos juntos, los cinco hasta el aparcamiento y allí se despidieron los compañeros de papá. Tal vez mi padre no lo notó, pero si mamá, yo estaba muy nervioso, lo que había visto me parecía increíble, que los hombres se quedaran en cueros delante de otros no entraba en mi cabeza. Yo nunca había visto rabos adultos, excepto una vez que se lo ví a un profesor que estaba orinando cuando entré yo en el servicio, pero fue poco y no me enteré demasiado de cómo era. Además, lo que más me excitaba era el desparpajo con el que se mostraban, aquellos trozos de carne bailaban ante mis ojos y ante los de otros hombres que un poco más alejados también se cambiaban. Y todo en un primer plano, nunca había pensado que pudiera ver un agujero del culo tan de cerca. Mamá me preguntó qué me pasaba, yo dije que estaba cansado, el día había sido agotador y en el patio había estado corriendo mucho; no se si también notó que mi verga estaba bien firme durante todo el tiempo. Y así me levanté el día siguiente, aunque con el calzoncillo un poco húmedo, yo pensé que me había orinado.Hasta ese día, mi sexualidad estaba completamente dormida. Alguna ocasión había escuchado a los mayores de la escuela o del barrio que hablaban de hacerse pajas, o machacarsela, o hacer una manola,? pero yo no tenía ni idea de qué era eso. Pensaba que sería alguna gamberrada y no tenía interés en saber más. Pero desde ese día, mi pensamiento cambió, cuando iba al vestuario después de la gimnasia, intentaba mirar lo que podía entre mis compañeros y alguno que no era tan pudoroso no le importaba mostrar la pollita, claro que su tamaño era tan reducido que mi pensar seguía en otro vestuario y no dejaba de estudiar cómo podría entrar ahí de nuevo. Otro de mis pensamientos era mi padre, si antes no tenía interés en verlo desnudo, ahora sentía tremendas ansias de verle la verga. Un día lo intenté, era un sábado y él fue a dormir un poco después de comer, mientras mi madre limpiaba en la cocina y yo miraba el televisor. Me acordé de preguntarle a mi madre si me había comprado unos cuadernos que necesitaba para la escuela y ella me dijo "si, pero están en mi habitación, ya te los daré luego, que tu padre está durmiendo". Yo acepté, pero luego pensé que tal vez podría ver algo si entraba en la habitación y le dije a mi madre que podría ir a buscarlos sin hacer ruido, ella me dijo "bueno, pero que no se despierte tu padre que está muy cansado". La puerta estaba entornada y había una tenue luz que dejaba ver la figura de mi padre estirado en la cama, casi desnudo, solo con unos calzoncillos blancos que dejaban escapar algunos pelillos por los costados. Yo me quité los zapatos, mi corazón estaba acelerado, enseguida vi los cuadernos, pero me acerqué a mi padre con la esperanza de que algo se escapara? Lo blanco no lo era tanto, tenía algunas manchas amarillas, pensé que eran manchas de meados, acerqué la mano, no sabía dónde tocar, podía despertar con el contacto, así que me limité a mirar, parecía que el bulto crecía en algunos momentos. Ya no podía más con los nervios y en un momento se movió, creo que pegué un salto y volví a la realidad, tomé los cuadernos y salí. No sabía cuánto tiempo había estado ahí y mi madre al verme me preguntó si es que no los encontraba, no supe que contestar, luego me preguntó de nuevo, ¿no habrás despertado a papá?.Tuvo que pasar algo más de un mes para volver a entrar en aquellos vestuarios que no podía quitarme de la cabeza. Recuerdo que era un lunes y un profesor no se presentó a las clases, como no avisó, no había nadie que lo pudiera sustituir y nos dijeron que podíamos estar en el patio hasta la hora de salir. Yo hablé con el conserje y le pregunté si podía dejarme salir, iría a la fábrica de mi padre y así él no tendría que esperarme. Le pareció bien y preguntó si quería que me acompañar, yo dije que no era necesario, estaba bastante cerca y podía ir solo. En la puerta había un hombre y me indicó que lo esperara ahí sentado, yo sentí una gran decepción. Pero pasó aquel hombre mayor que conocí el primer día, me vió y me llamó, le dijo al de la puerta quién era mi padre (yo se lo había dicho pero no debía fiarse) y entonces lo acompañé hasta el vestuario. Mi padre tardaría media hora larga en salir, podía sentarme y relajarme. Se repitió lo del primer día, aunque en esta ocasión me fijé más en otros hombres que se cambiaban, llegué a contar 16 rabos?. El hombre dijo llamarse Gilberto y cuando regresó de la ducha intentaba hablar conmigo, mientras se iba secando, su verga quedó completamente dura, muy cerca de mi cara, no pensaba que fuera con ninguna intención, pero él debía darse cuenta de que yo no paraba de mirarla y me pareció que de la pequeña rajita salía un poco de líquido.Disimuladamente se estuvo masturbando un poco, yo no sabía lo que hacía, pero recuerdo que se la iba tocando y tapando un poco con la toalla para no llamar la atención de otros que andaban por ahí. Cuando Gilberto ya empezaba a ponerse los calzoncillos, entraron los otros dos conocidos, yo pregunté si podía ir al servicio pues tenía ganas de orinar y Gerardo, el de la edad de mi padre, me tomó de la mano y me llevó por aquella puerta del fondo, donde estaban los urinarios. Pensaba que se iría, pero en lugar de ello abrió su bragueta y sacó su verga, yo estaba mirando, no sabía cómo hacerlo porque seguro que delante de él no saldría nada, entonces me dijo: "¿no querías mear?, pues venga vente a mi lado que lo haremos juntos", parecía que no tenía alternativa. Podía ver el chorro de líquido amarillo que salía, mientras intentaba sacar mi verga, pero estaba dura y no resultaba fácil; cuando la tenía en la mano, de allí no salía nada, y él miraba sonriendo. Yo me sonrojaba y sentía mucha vergüenza, estaba mostrando mi diminuta verga y no dejaba de comparar, me sentía inquieto y cuando su chorro iba decreciendo me tomó de la cabeza y me dijo: "no te preocupes, ya saldrá, dale tiempo". Empezó a sacudir y descapullar la cabeza de su verga, al tiempo que iba ganando en tamaño, cuando ya no quedaban gotas, no la guardó, alargó su mano tomó la mía, la acarició un poco y dijo: "es pequeña, pero graciosa y parece que tiene ganas de juerga". Yo no sabía dónde ponerme, de nuevo mi corazón iba a una velocidad de vértigo, además, me di cuenta de que al ponerse de lado, su verga rozaba con mi mano. Sin intención, pero fue la primera vez que toqué algo que no era mío. Y entonces, entro un hombre también con la intención de mear. Iba completamente desnudo, saludó a Gerardo y este le dijo que yo era el hijo de Enrique, puede ver una sonrisa en sus labios, estoy seguro que vió perfectamente cómo me agarraba la pollita y también como la tenía totalmente tiesa. Se puso al lado de Gerardo, esté se entró la verga y se fue, dejándome con la mía fuera, dura y sin poder orinar. El otro no se cortó, su aparato estaba circuncidado, cosa que me llamó la atención y lanzó un buen chorro de orina, mientras me miraba y sonreía. Yo no podía más, metí lo mío en los pantalones y me fui sin haber descargado nada. Al regresar al lugar, Gerardo se quitaba la ropa, Gilberto ya se había ido y el otro estaba en la ducha.Cuando me quedé solo sentí un poco de miedo, pensé que Gerardo podía decirle a mi padre lo que había visto, que me había tocado, que miraba su verga,?. Estaba en estos pensamientos cuando escuché que alguien llamaba a Enrique, entonces vi que mi padre acababa de entrar. Me saludó y me preguntó qué hacía ahí, en un primer momento pensé que estaba enfadado, pero luego me di cuenta de que no era así y me dijo "hoy si que voy a ducharme, no tenemos prisa". Y así fue cómo vi por primera vez la verga de mi padre, bueno, la verga , los huevos, el culo,?. Mientras se desnudaba yo me sentía inquieto, cuando solo conservaba los calzoncillos, pensé que no se los iba a quitar delante de mí, pero no acerté y con total naturalidad se los fue bajando,? no se si pudo descubrir algo mi cara,cómo me sentía en aquel momento. Vi una verga muy grande, la más grande que había visto hasta el momento y completamente descapullada, como la que había visto momentos antes por vez primera. Sus nalgas estaba cubiertas de pelos y yo sentía una imperiosa necesidad de tocarlas,?. Mientras se alejaba camino a la ducha, David, el chico más joven aparecía y se sentaba a mi lado, de nuevo el ritual de secarse, la polla un poco morcillona, bajando el tronco delante de mis narices y pudiendo contemplar el agujero de su culo. Al regreso, mi padre se secó rapidamente, se vistió y salimos. A la tercera fue la vencida, la tercera vez que entré en aquel lugar, fue cuando tuve mi primer contacto verdaderamente sexual. Era el mes de mayo, muy cerca de mi aniversario; había pasado algo más de un mes desde lo anterior. Yo seguía buscando motivos para ir a esperar a mi padre, pero no era fácil encontrarlos. Creo que fue también la falta de un profesor que me facilitó la labor.Entré sin problemas, los porteros parece que ya me conocían. En el vestuario habrían unos cinco hombres, y alguno en la ducha. Yo no reconocí a ninguno y me fui al urinario para mear, afortunadamente ya estaba en ello cuando entró un hombre, estaba desnudo y se colocó a mi lado. No me atreví a mirarle la cara, pero no dejaba de mirar su rabo, empezó a salir el flujo amarillento y entonces el me habló: "que descanso, ¿verdad?", lo miré timidamente y solo dije "si". En eso, él miraba mi pollita y dijo algo que no llegué a comprender, por ello dirigí la mirada a su cara como interrogando sobre sus palabras y descubrí que era el hombre de la verga circuncidada, aquel que pudo ver el otro día como Gerardo me tocaba. Había acabado mi flujo, pero no me había dado ni cuenta, mi verguita seguía a la vista y bastante endurecida, el acercó su brazo y me atrajo hacia su cuerpo, tomó mi mano y la acercó a su verga y me dijo: "sacúdela que salten las últimas gotitas", obedecí y seguí tocando hasta que llegó a quedar completamente parada. Entonces me preguntó: "¿te gustaría chuparla un poquito?". Yo sentía curiosidad, pero no entendía muy bien qué quería decir.Me indicó que esperar y salió del lugar, pensaba que todo había finalizado y pasado un momento me disponía también a salir, pero entonces entró de nuevo, no iba solo, le acompañaba un chico bastante joven, tal vez menor que David. Iba desnudo y su verga estaba un poco parada. Me dijo el hombre "este es un amigo, estará en la puerta y nos avisará si viene alguien, mientras tu puedes chuparmela un poquito". Yo lo intenté, pero debía ser muy torpe porque pronto le indicó al jovencito que se la chupara un poco y me enseñara cómo hacerlo; esta enseñanza también incluyó unos lametones a mi verga. Aprendí rápido, porque cuando me la metí de nuevo en la boca, soltó sin avisar una gran cantidad de leche. Solo tenía una ligera intuición de qué era aquello y sentí un poco de asco al principio, pero el chico joven pegó su boca a la mía, me ordenó abrirla y compartir aquello. Claro que este, Rafael se llamaba, no estaba del todo satisfecho y me preguntó si quería chuparsela también, en principio dije que no porque tenía miedo de que alguien nos encontrara, asomé la cabeza y no vi a nadie en el vestuario, unicamente sentía que había alguien en la ducha. La tentación era grande y sin más me la metí en la boca, era el mayor el que vigilaba en la puerta, pero mientras yo chupaba, noté que alguien palpaba mis nalgas, metiendo la mano por dentro del pantalón, luego un dedo se introdujo en mi agujero, no hacía más que excitarme y cuando Rafael explotó su leche me pareció sabrosa.Creo que estaba sediento de verga, en ese momento hubiera chupado cualquier polla que estuviera a mi alcance. Rafael se limpió un poco con los dedos y se dirigió al urinario donde empezó a mear, yo acerqué mi boca y con la lengua le recorrí la verga hasta llegar al líquido que soltaba y lo probé un poquito. Recuerdo que el otro hombre comentó: "vaya puta hemos encontrado, otro día le mearé en la boca". Aquel día ya no pasó nada más destacado. Esperé a mi padre que ya no tardó, vi unas cuantas vergas, incluida la paterna, pero ya no las conté. A los otros amigos no los ví. Yo entré en un camino sin retorno, llegué a probar muchas de los trozos de carne que vi en aquel lugar y que en principio pensaba que solo eran para mear. Después de aquella sesión con Pedro y Esteban, me sentía muy nervioso, no podía quitarme de la cabeza todo lo que había pasado y mi excitación era constante. Una palabra podría definir como me encontraba aquellos días, raro. Y esto lo notó mi madre, que empezó a hacerme preguntas y a hablar con mi padre. Se planteó llevarme al médico o al psicólogo, pero un día estuvo hablando con el director de mi escuela que era psicólogo y este le dijo que no se preocupara "estaba entrando en la edad del pavo". Me enteré luego por la noche cuando se lo contaba a mi padre y no sabía su significado, pero me hizo mucha gracia y por la noche mientras masajeaba mi verga en la cama iba imaginando un pavo que me iba picoteando la pollita y los pequeños huevos. Por otra parte, las ganas de entrar de nuevo a la fábrica de mi padre se intensificaban, pero no sabía qué excusa buscar, además también tenía un poco de miedo por si papa se enteraba de algo. En la escuela, me sentía un poco más desinhibido y cuando me desnudaba delante de otros niños, ya no me ponía la toalla, sino que mostraba todo lo que podía. Un día entré en los servicios y había un chico un par de cursos más que yo orinando, me coloqué a su lado, mi mirada debió ser tan evidente que él se apartó un poco para que viera mejor la verga y me preguntó "¿te gusta?", yo asentí con la cabeza, tomó mi mano y la puso encima de su aparato, juntos le sacudimos un poco las última gotas y empecé a masajearla hasta que se puso bien dura. Él también estiró su mano para tocar la mía y así estuvimos unos minutos hasta que se abrió la puerta, entró José, el conserje, con una amplia sonrisa empezó a abrirse la bragueta con la intención de mear. No se si pudo ver lo que estábamos haciendo, pero nosotros con el susto nos metimos la verga dentro y nos marchamos. Luego me arrepentí, ni siquiera había orinado y pensé que podía haberme quedado, tal vez le habría podido ver la verga a José, pero ya era demasiado tarde. Un sábado por la mañana yo estaba durmiendo y sonó el timbre. Creía que mis padres abrirían, pero el timbrazo se repitió dos o tres veces, entonces me levanté, pensé que tal vez habían salido a comprar y se habían olvidado las llaves. Antes de abrir miré por la mirilla y no eran ellos, era Gerardo. No supe que hacer, yo solo llevaba unos calzoncillos y dudé porque mis padres me tenían prohibido abrir cuando ellos no estaban, pero pensé que Gerardo era de confianza, además, no importaba que me encontrara en calzoncillos, yo a él lo recordaba a pelo. Me puse detrás de la puerta para que no pudieran verme los vecinos, abrí la puerta y le dije de entrar. Su saludo fue caliente, después de cerrar la puerta, mientras me daba un par de besos muy cerca de los labios, su mano se posaba en mi culo. Le dije que papa no estaba, seguramente abría ido con mi madre a comprar en algún centro comercial. Me dirigía hacia mi habitación con la intención de vestirme y pensé que él se quedaría en el salón, pero me siguió. Yo estaba tan nervioso que no sabía muy bien qué hacía, mi pollita también estaba inquieta y debía ser evidente la erección. Gerardo se sentó en mi cama y con una mano no dejaba de acariciarme, me decía cosas respecto a mi piel suave y a mi excitación. En un momento la mano entró dentro de mi calzoncillo y me agarró fuertemente las nalgas. Hacía como si no pasara nada, pero mi corazón quería estallar. En pocos segundos mi única prenda estaba en mis rodillas y Gerardo me preguntaba cosas como si me gustaban las vergas, si había disfrutado en los vestuarios, si me gastaría tocar la suya,?. Yo no decía nada, solo sonreía y me dejaba llevar por sus caricias, ya por todo el cuerpo y con un dedo queriendo entrar en mi agujerito trasero. Me preguntó si sabía cuando tardarían mis padres en regresar, yo lo ignoraba, pero podían hacerlo en cualquier momento, así que no debíamos arriesgarnos. Él solo se abrió la bragueta y sacó su verga, que ya conocía bien, me la puso en la boca, agarraba mi cabeza y la iba metiendo con fuerza, en algunos momentos llegaba hasta mis anginas; yo me ahogaba y tenía que sacarla unos segundos. Una vez que la tenía fuera, aprovechó para bajarse un poco los pantalones y calzoncillos, se dio media vuelta y agarrando sus nalgas, puso su ojete delante de mis narices, "lame un poco aquí" me dijo, y lo hice. Era el primer ano que lamía, sabía un poco amargo, pero me gustaba. Duró poco, porque enseguida se giró de nuevo y volví a chupar el palo, hasta que lanzó un fuerte gemido, noté que la verga se hinchaba un poco más y su leche inundó mi garganta. No podíamos perder tiempo, después de darme un beso en la boca hurgando ligeramente con la lengua, me preguntó dónde estaba el servició, me coloqué el calzoncillo y lo acompañé, allí se lavó la verga mientras yo orinaba, luego salió para esperarme en el salón mientras yo me duchaba. Me vestí un poco y me senté a su lado en el sofá, mientras esperábamos a mis padres me contó que había venido porque el domingo querían hacer una comida en una finca de Gilberto con otros compañeros de la fábrica, pensaban invitar a mi padre, yo también podía ir, aunque no iban a invitar a las mujeres. En este tiempo, no dejaba de tocarme, al tiempo me decía que estaba muy guapo y que tenía una piel muy suave. Al final llegaron mis padres, efectivamente estaban comprando y llegaron cargados de bolsas. Saludaron a Gerardo y este le contó a papá el motivo de su visita. Que yo también estaba invitado le sorprendió a mi padre y puso mala cara en un primer momento, pero mamá dijo que debía llevarme así me distraía un poco y se me pasaba la rareza que iba arrastrando en los últimas semanas. En el fondo ella también quería quedar libre porque así iba a pasar el día con unas primas a las que mi padre no tragaba. La finca estaba a unos 40 km. de la ciudad por lo que fuimos en nuestro coche, pasamos a recoger a Gerardo a su casa y a otro compañero en su misma calle. Salimos a las 8 de la mañana de casa y llegamos hacia las 9. Fuimos los primeros, excepto Gilberto que estaba ahí desde el día anterior. Se trataba de una casita rodeada de campo y algunos árboles, situada en las afueras de un pueblo muy pequeño, parece que la compró para pasar los fines de semana con su mujer, pero quedó viudo al poco tiempo. Tenía dos hijos ya casados y algunos nietos, pero la relación no debía ser muy buena porque dijo que si no lo visitaban los amigos, siempre estaba solo. Nos recibió con un eslip y una camiseta, no hacía calor todavía a esa hora, pero él estaba dentro de la casa, seguramente se habría levantado hacía poco. Al los pocos minutos llegaron otros dos coches, con siete hombres más y el hijo de uno de ellos, el chico tendría unos 15 años y se llamaba Francisco Alberto, Fran para los amigos. También en uno de estos coches llegó David. Todos llevábamos ropa ligera, pantalón corto y una camiseta, desayunamos un poco con café, leche y algunas pastas. Luego dijeron de ir a dar un paseo por el campo y salimos en manada andando por un camino hasta llegar a un pequeño río, alguno propuso darse un baño, entonces Gilberto nos hizo andar un poco más para llegar a un lugar que quedaba escondido detrás de los árboles, así el que quisiera se podía bañar desnudo. Por cierto, al llegar había unos niños completamente desnudos, cuando nos vieron empezaron a taparse, pero Gilberto que los conocía, les dijo que no hacía falta que se marcharan, "voy con unos amigos y todos somos hombres", los chicos, eran tres, sonrieron y quitaron las manos que tapaban sus vergas dejando ver unas cositas pequeñas, pero mirando al cielo. Parece que tenían confianza con Gilberto porque se desnudó e hicieron muchas bromas, en el agua se agarraban, se subían encima, etc. Algunos otros se quitaron la ropa también y se echaron al agua. Mi papá y otros dos se tumbaron sin desnudarse tomando un poco el sol. Yo no sabía qué hacer, pues el agua me daba un poco de miedo, pero tampoco quería permanecer sin hacer nada. Fran parece que no se decidía y su padre le dijo que si no iba a bañarse, que al menos jugara un poco conmigo. Uno de los niños que se estaban bañando propuso acompañarnos a descubrir no se bien qué. Por una parte me sentía bien contemplando vergas, pero tampoco me disgustaba la idea de hacer amistad con Fran, así que nos fuimos. El niño que nos acompañó dijo llamarse Pablo, se colocó unos calzoncillos bastante viejos, blancos pero sucios. Al andar se podía ver sus huevecitos saliendo por los costados. Fran era muy tímido, me preguntó algunas cosas, pero enseguida acabó nuestra conversación, en cambio Pablo era muy parlanchín, no dejaba de contarnos cosas sobre el pueblo, los otros chicos que eran sus primos, etc. En un momento Pabló se paró y nosotros lo miramos interrogando, entonces sacó su verga y se puso a orinar. No era ninguna novedad su verguita, pero tanto Fran como yo no dejábamos de mirarla y entonces nos dijo que ya que mirábamos su miembro, él también quería ver en nuestro. Yo no puse inconveniente, me bajé un poco el pantalón, saqué la verga y empecé a orinar. Fran hizo lo mismo y Pablo se la agarró, supongo que fue a la suya porque era más grande que la mía. En un momento estábamos los tres con la verga del otro en la mano y de la mano pasó a la boca. Nos acomodamos bajo un árbol y pasamos un buen rato chupando y lamiendo, Fran nos tocaba el culo y metía un dedo en nuestros agujeros. En un momento dijo que se la quería meter a alguien. En mi culo no había entrado todavía nada más que algún dedo, en cambio Pablo, pese a ser un año más joven, tenía bastante experiencia y se mostró encantado de ser enculado. La polla de Fran era grande comparada con las nuestras, pero mucho menos que las que había visto entre los amigos de mi padre. Ya los tres sin pantalones ni calzoncillos, Pablo se puso en cuatro patas y abriendo las nalgas mostrando bien su agujerito. Fran empezó a pasarle la lengua y a escupir, en un momento se retiró para preparar su aparato y entonces fui yo el que pasaba la lengua intentando entrar en aquel agujero rosadito. Fue la primera vez que vi una enculada, delante de mis narices, Fran se folló a Pablo, y cuando se corrió dejó por un momento el balanceo, se quedó quieto unos instantes, luego se retiró poco a poco, vi un gran agujero abierto donde la leche se salía. La verga de Fran estaba húmeda con una ligera capa de leche y alguna sustancia marronosa. Se la limpió primero con una hojas y luego con el calzoncillo de Pablo. Satisfechos nos vestimos y emprendimos la marcha, supongo que de regreso donde se habían quedado los otros. El pequeño Pablo unicamente llevaba puesto el calzoncillo y era el encargado de guiarnos, no se si porque lo sabía o por pura casualidad, pasamos al lado de unos zarzales y escuchamos unos gemidos al otro costado. Ya imaginábamos lo que estaba pasando, pero nos sorprendieron los protagonistas. Nos acercamos en silencio buscando un agujero para mirar, y lo que vimos fue a Gilberto y al padre de Fran en plena penetración a los dos chavitos primos de Pablo. Esto nos excitó a todos y de nuevo sacamos nuestras vergas para masajearlas un poco. Fran ya sabía de las inclinaciones de su padre, pero nunca habían hablado de ello, era tabú tocarlo, pero había libertad de hacer lo que a cada uno le venía en gana. Veíamos a los hombres mayores en un movimiento de caderas enterrando completamente su palo en el culo de los niños, el goce de estos debía ser grande por los gemidos que pegaban. Y cuando acabaron, el grito de los mayores debió oírse a bastante distancia. Completamente desnudos desaparecieron, nosotros los seguimos en la misma dirección y sorprendentemente pasados unos matorrales nos encontrábamos ya junto a los demás, los que se bañaban en el río y los que tomaban el sol. Me di cuenta de que todo lo hicieron casi a la vista de todos, por lo tanto el sexo debía ser "normal" entre aquel grupo de amigos. Al llegar percibí que los protagonistas del acto anterior se estaban lavando en el río muy animadamente, unos frotaban a los otros y todas sus vergas estaban mirando al cielo. El resto de adultos, unos seguían estirados en unas rocas y otros se bañaban o jugaban en el agua; pero no vi a mi padre ni a David. No sabía si preguntar, pues pensaba que podían estar por ahí cerca dándose placer uno al otro. Sin embargo, al ver que pasaba el tiempo y no llegaban le pregunté a Gerardo. Este me contestó que se habían adelantado a la casa para preparar algo de comida. Al mediodía, empezamos a recoger las cosas y nos marchamos de regreso a la casa dónde nos esperaría una sabrosa comida, al menos es lo que pensaba. De los tres chiquillos nos despedimos con un beso a cada uno, algunos de forma más efusiva.Llegamos a la casa, Fran y yo nos habíamos adelantado unos metros y entramos sigilosamente porque yo pensaba sorprender a papá en la cocina. Pero allí no había nadie, ni rastro de comida preparada. Entonces escuché un ruido en el piso superior, subí y lo que ví fue a David completamente desnudo intentando orinar parado delante del wc, al mismo tiempo oí a mi padre que le decía desde una habitación"dúchate tu ahora, nosotros simplemente nos limpiamos un poco con la toalla porque esta gente está ya llegando y?." no escuché más porque temí ser descubierto y bajé las escaleras intentando no hacer ruido. Todos ya habían entrado por la puerta y cada uno se sentaba en el sofá o en alguna silla intentando descansar. Al poco rato, alguien bajaba las escaleras, era papá, pero no iba solo ni con David, sino que lo acompañaba otro hombre del grupo, pero al que yo no había encontrado en falta. Sin duda lo que hizo mi padre fue a tres banda, pues me acordé de lo que escuché minutos antes "dúchate tu ahora nosotros simplemente nos limpiaremos un poco?.".Entre el anfitrión y algunos más, se encargaron de hacer una barbacoa, comimos y aquel día no pasó nada más importante. De regreso, Gerardo se colocó detrás conmigo, creo que había bebido bastante vino y andaba un poco alegre, no paraba de tocarme la barriga y, en ocasiones, su mano se dejaba caer un poco más abajo. Antes de llegar, le dijo a mi padre que parara, que se estaba meando y antes de que el coche se detuviera, el ya se había sacado la verga del pantalón. Solo bajo él y después de una larga meada, reemprendimos el viaje. Tener aquella verga junto a mí, ya no esta tan excitante como lo hubiera sido unos meses atrás, ahora ya el aliciente no era ver rabos, sino degustarlos, y así me convertí en un extraordinario "chupapollas". Bueno, que me hice un adicto a la carne?. de macho...
08-03-2022, at 10:43 PM
Alýntý
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